Por la pérdida de sangre el sagrado cuerpo de Jesús estaba pálido, y sintiendo una sed abrasadora, dijo: "Tengo sed". Uno de los soldados mojó una esponja en vinagre, y habiéndola rociado de hiel, la puso en la punta de su lanza para presentarla a la boca del Señor. De estas palabras que dijo recuerdo solamente las siguientes: "Cuando mi voz no se oiga más, la boca de los muertos hablará". Entonces algunos gritaron: "Blasfema todavía". Mas Abenadar les mandó estarse quietos. La hora del Señor había llegado: un sudor frío corrió sus miembros, Juan limpiaba los pies de Jesús con su sudario. Magdalena, partida de dolor, se apoyaba detrás de la cruz. La Virgen Santísima de pie entre Jesús y el buen ladrón, miraba el rostro de su Hijo moribundo. Entonces Jesús dijo: "¡Todo está consumado!". Después alzó la cabeza y gritó en alta voz: "Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu". Fue un grito dulce y fuerte, que penetró el cielo y la tierra: enseguida inclinó la cabeza, y rindió el espíritu. (Venerable Ana Catalina Emmerich)

 

 

LA CUESTIÓN DEL  "SUFRIMIENTO DE DIOS"

Sebastián RAMOS MEJÍA  

(UNIVERSIDAD DE NAVARRA FACULTAD DE TEOLOGÍA)

 HOMILÍA DEL CARDENAL JOSEPH RATZINGER

Lunes 18 de abril de 2005

"Pero ¿Qué quiere decir Isaías cuando anuncia el «día de venganza del Señor»? Jesús, en Nazaret, en su lectura del texto profético, no pronunció estas palabras; concluyó anunciando el año de misericordia. ¿Fue este, quizás, el motivo del escándalo que se produjo después de su predicación? No lo sabemos. En todo caso, el Señor hizo su comentario auténtico a estas palabras con la muerte en la cruz. «Sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo...», dice san Pedro (1 P 2, 24). Y san Pablo escribe a los Gálatas: «Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: "Maldito todo el que está colgado de un madero", a fin de que llegara a los gentiles, en Cristo Jesús, la bendición de Abraham, y por la fe recibiéramos el Espíritu de la Promesa» (Ga 3, 13-14). 

"La misericordia de Cristo no es una gracia barata; no implica trivializar el mal. Cristo lleva en su cuerpo y en su alma todo el peso del mal, toda su fuerza destructora. Quema y transforma el mal en el sufrimiento, en el fuego de su amor doliente. El día de venganza y el año de misericordia coinciden en el misterio pascual, en Cristo muerto y resucitado. Esta es la venganza de Dios: él mismo, en la persona de su Hijo, sufre por nosotros. Cuanto más nos toca la misericordia del Señor, tanto más somos solidarios con su sufrimiento, tanto más estamos dispuestos a completar en nuestra carne «lo que falta a las tribulaciones de Cristo» (Col 1, 24).

¿DONDE AGONIZA HOY JESÚS?

San León Magno decía: La pasión de Cristo se prolonga hasta el fin del mundo, en su cuerpo místico que es la Iglesia, especialmente en los pobres, en los enfermos, perseguidos.

“El grito de los pobres nos obliga a despertar la conciencia frente al drama de la miseria y a las exigencias sociales del evangelio y de la Iglesia” (Pablo VI).

SENTIDO CRISTIANO DEL SUFRIMIENTO Y SU VALOR REDENTOR

…Todo sufrimiento humano, unido al de Cristo, completa 'lo que falta a las tribulaciones de Cristo en la persona que sufre, en favor de su Cuerpo ( Col 1, 24)

Hay un tipo de ateísmo, profesado por aquellos, que no aceptan a un Dios que permite tanto dolor en el mundo, de tantos inocentes (A. Camus). “El sufrimiento de los inocentes es la roca del ateísmo” (G. Buchner).

“No es la imposibilidad de explicar el dolor lo que hace perder la fe, sino la perdida de fe lo que hace inexplicable el dolor”.